Thursday, September 16, 2010

Desde un Finalísimo Juicio Final Miro lo que Miró no Miró


Alguien obsevó que Joan Miró dijo: Un cuadro no se acaba nunca, tampoco se empieza nunca, un cuadro es como el viento: algo que camina siempre, sin descanso

Yo escribo esto:

Entiendo a Joan Miró, algunos críticos aseguraban que siempre quiso 'asesinar' a la pintura, yo me quedo con Paul Cézanne mientras tanto, por supuesto también con Vicent Van Gogh, y Paul Gauguin también. Le agradezco a Pablo Picasso haber hecho un bosquejo del "Pintor de las palabras: " César Vallejo, pero prefiero a Wassily Vasílievich Kandinsky, digo tengo mis influencias...

Ya cuando tenía unos 5 años mi padre me llevaba de la mano a visitar el Museo de Arte en Lima; exacto, aquel situado en el Parque de la Exposición, allí mismo en el Paseo Colón, 125. ¿Cómo me podría olvidar? Al subir al segundo piso, mi padre me señalaba a ese cuadro de inmensas proporciones diciéndome con la voz más dulce, mira ese anillo, ¡cómo brilla ese oro! sólo el maestro Carlos Baca-Flor podría haberlo pintado de esa forma. Es después de muchos años, de muchos estudios académicos a nivel mundial, y algunos que otros esfuerzos con mis manos puestas en más de un centernar de obras, que ahora yo os escribo, mi querida y respetada audiencia, ese cuadro está acabado, y lo puedo escribir en superlativo, así de este manera: ¡Está acabadísimo!. Si se le pone alguna sombra  o alguna "luz" más, por tenue que ésta sea, se malogra definitivamente, no cabe ni sobra nada más, a eso se llama una obra maestra, porque está terminada como se debe y cualquiera cuando la mira entiende de repente que así es y  no de otra manera.

En todo caso, el pobre Velázquez, nunca habría complacido a las exigencias vehementes de sus patrones, uno un Rey, y el otro un iracundo Papa; claro, Felipe IV y el otro Inocencio X. Diego Velázquez quería ser noble, y noble de la Orden de los Caballeros de Santiago fue, por su pintura y talento, no por su sangre, linaje o abolengo; lo consiguió y al final murió muy joven por ese tremendo esfuerzo.

¡Qué luminosidad, qué grado de perfección y detalle! No, esos cuadros sí, pero que sí, están terminados, que no me venga acá a mirar Miró, que con todo el respeto no le acepto esa visión. Disquen los entendidos, que "Las Meninas," es la mejor pintura del “Pintor del Rey y Emperador español” pero sí, si sólo,  entendemos que ahí no se pintó un cuadro nomás; Velázquez, terminó consumadamente y de manera magistral, varios cuadros y a todos los puso en uno, este cuadro aparte de ser un autorretrato, es la pintura misma de un pintor pintándose mientras pintaba la pintura de su propia alma, en el reflejo infinito reposa de algún modo muy recursivo el arte de su obra eterna e incomparable. Entonces Velázquez para pintar así, sí miró y Miró no miró de esa manera las 'cojudeces' que pintaba, por eso para él y para muchos otros como él, un cuadro nunca comienza y nunca termina. Dile que no joda.

Para mí, y para muchos otros más, entre muchas obras de Velázquez, ya está "La Hilandera;" por que ahí algo inerte se muestra como una verdadera rueda, girando con toda energía, velocidad, y acción; el aire puro se confunde con la mezcla de pigmentos dando la impresión, ¡Dios! del mismísimo movimiento de esa mistura.

Yo me acercaba, me sentaba, me echaba,  brincaba, daba saltos, botes y surtas; me alejaba, me volvía a acercar, hacía casi todo de lo que se puede hacer con un cuerpo humano con algunas excepciones, aunque estuve a punto de sentir varios orgasmos mentales. En eso, vinieron los guardias del museo hacia a mí, y acercándose, me dijeron con una especie inusual de tristeza, “¿Está, es o se hace? ¿Usted va bien y ya acabó? Porque ya es hora de cerrar el museo y usted está aquí desde que se abrió,” y yo contesté, secándome el sudor de la frente, tratando de contener mi aliento, y recobrar la respiración para poder contestar apropiadamente, temblando y en un estado total de crepitación, “No, nunca, imposible yo no he acabado, pero Velázquez sí, él si lo acabó...”

Ahora yo os digo como nos cuentan que lo hizo, Alejandro el Grande, ese Macedonio después de recibir otra lección, pero no precisamente de Aristóteles: “Si yo no hubiera sido Alejandro, hubiera preferido ser Diógenes;” así de esa manera, te cuento, que aunque Joan Miró, junto con Jackson Pollock vengan aquí con sus “radioactivos”  y revolucionarios estilos para “vendérmelos” y  desde dónde estén para hablarme de que es terminar cuadros o pinturas o obras de arte, yo les aceptaría de ellos lo que dijeran, porque en realidad muchas de sus obras son sólo un intento, es decir nunca comenzaron ni terminaron nada esos cojudos, con el perdón de todas las galerias de arte, curadores y demás "artistas medicinales" o curanderos, yo simplemente, en este caso, no les creo, no es que me de la gana de no hacerlo es que no puedo. Acá soy santo Tomás, tomo y creo lo que veo.

Desde Cimabue y Giotto de Bondone, por Florencia pasan los clásicos, los que si acaban sus obras por pudor, vergüenza, y por qué si no lo hacían les cortaban la cabeza. Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni lo comprueba, con los frescos de la Capilla Sixtina, y más que nada como su Juicio lo indica, “El Juicio Final,” que no sólo es "Final" por el tema que pinta y retrata de cuerpos enteros, si no porque no se le puede sacar ni agregar nada, es Finalísimo ese Jucio Final. A ver repite conmigo, "mira bien Miró, que ese fresco no está acabado si no acabadísimo," diría yo. ¿Es que también tengo que "rezar" un carajo para que me comprendas que sí se acaban los cuadros? Que la vida tiene inicio y que me voy a morir ¡carambas! ¿Aunque como bien lo dijo Don Miguel de Unamuno, “Con razón, sin razón o en contra de ella, ¡no me da la gana de Morirme!”? Es que no ves mi vehemencia supurando en mis ideas, a mi sangre regurgitando dentro de mis venas, a mis años de búsqueda se le suman mis entrañas y soy lava, ¿puedes ver a mis desasosiegos, acaso no te compadeces de mí y de mis desventuras? casi te escribo: ¡Insensata!

Cosa curiosa hablándote de la muerte, sí fui a Amboise, aquella preciosa región central francesa, en el departamento de Indret-de-Loire, tendré también que volver no una si no muchas veces, sí se llamará así por aquel río Loira cerca de Tours.  Cuando, estaba en el avión que me llevaría en primera instancia a Londres, -- También en mi itinerario me había propuesto ir a conocer personalmente a los famosos cuervos de la Torre de Londres, esa especie de fortaleza, cárcel, castillo y palacio situado, a la ribera del río Támesis y en donde se tiene por sabido que Jack “El Destripador” caminaba por las noches en busca de sus víctimas – para después de una breve visita encaramarme en un tren rumbo a París vía el “Chunnel;” una inglesa que se sentó junto conmigo, y con la cual sí me encaramé por que ella lo quiso así y porque sigo siendo un animal muy hormonal y efusivo, me preguntó que cómo iba a llegar a Amboise desde París, mi respuesta fue: “Pues, con un mapa, y voy a alquilar un carro y llegaré manejando al lugar;” La inglesa soltó su quijada al suelo, pues no creía lo que oía, disque eso no era lo más apropiado para una persona que nunca había pisado jamás suelo Francés, yo sólo murmuraba ¡Viva La France! mientras ella se movía... 

Pero yo me mandé por ahí y por el valle de los reyes entre castillos y aguaceros, llegué a la mansión de Clos Lucé, sí tienes razón, ya también yo lo sabía, ahí ya no estaba, eso lo dejaría para después, cuando la miraría por primera vez en mi vida a aquella la que parece que se reiría, pero de repente no, y ¿se burlaría, se molestaría, disimularía? ¡Dime de una vez cuál es el gesto, qué es lo que está haciendo! ¿Qué miércoles nos quiere decir? Bueno, ya sabía que allí no estaba pero ese fue el último lugar en que ambos estuvieron juntos, después de tanto rodar, allí él dejo su alma para ir a reposar a otro lugar; al camposanto no acudí, pero si respiré de esa masión casi los mismos aires en el cual él expiró... “!No, no digo, sí hablo Inglés, pero no, no estoy interesado en ninguna excursión acerca del Código de Da Vinci, me entiende no insista más! Aquí yo no he venido porque he leído ese libro, ni mucho menos por Tom Hanks.” Así mismo yo decía cuando apenas entraba a las puertas de aquel lugar y me acosaban, ahora es un museo muy popular, porque allí fue invitado a vivir, por Francisco I, el Rey de Francia, y vivió sus últimos tres años de vida Leonardo, ¿quién más?

Genuxflexivamente, casi de rodillas entré por primera vez a su última morada, aplicándome las disciplinas en la espalda con los mapas, y gregorianamente cantando, la mea culpa;  me sentía culpable, muy cerca de París, Vallejo desde el Montparnasse me decía, con sus Heraldos Negros: “Vuelve los ojos locos, como si un charco de culpa se posara en ‘tu’ mirada...” El cuarto era de condición simple y muy amplio, parecía que uno podía vivir hoy ahí, yo ya quería quedarme para siempre y nunca salir.  La cama voluminosa como que desde ahí se fue aquel hombre al cual tanto persiguieron y jodieron durante su vida, tanto en Boloña, Roma o Venecia, pero no importa, él no sucumbió jamás.  Al momento me acordé y en aquel instante vi que fue él, el modelo para el sublime David que su Maestro Andrea del Verrocchio utilizó, y al recordar aquel bronce casi perfecto, aunque algunos dicen que el de Donatello es mejor y más perfecto, me alegre un poco, y al fin pude levantar algo la cabisbaja con mucha preocupación de no irrespetar al maestro; es así que me miró a mí aquel sagrado lugar.  Alli estaba un luminoso espacio vacuo al lado de esa cama, hacia la parte superior pero tampoco muy alto, un poco más arriba del nivel de mi mirada soslayada. La pared tenía un recuadro vacío, y en el centro se leía algo así;  “Aquí, da Vinci colocó su Gioconda, cuadro que nunca abandonaría hasta el día de su fallecimiento.” 

Me quede consternado, experimenté algo de angustia, mi corazón palpitaba muy fuerte, caminé junto con Leonardo entonces, me vi envuelto en medio de esas guerras y argucias, a caballo, a carreta y a píe, por todos aquellos tramos por donde él tuvo que haber pasado forzosamente. ¡Hostias! Lo que tuvo que cargar el pobre, ¿Cómo la cuidaría a esa tía hasta su final?, desde que la acabó, aunque dicen y se dice que no, léeme bien, desde que "la acabó de pintar," porque harto es conocido, que Leonardo di ser Piero Da Vinci, estudió de todo, y comenzó muchas obras, pero muy pocas en realidad acabó, pero a esa Gioconda, a La Mona Lisa, a “la Joconde”, a la Madonna Elisa, a ella sí, él sí la terminó de pintar es más, podríamos de decir que en comparación, nadie a podido acabar ningún cuadro como éste, solamente Leonardo.

Se dice que era la esposa de Francesco Bartolomeo del Giocondo, y que su nombre era Lisa Gherardini, el oléo está pintado sobre una tabla de madera de álamo, Napoleón también durmió junto a la Mona Lisa en su momento, y se supone que más de 6 millones de personas la han visitado allí donde yo ya también la visité, es decir en el Museo de Louvre, en París.  Comprada por el Francisco I, ha sido robada, le han echado ácido, hasta la han apedreado, y allí la tememos casi tranquila; tal vez sí, Leonardo nunca la acabó y es por eso es que nunca la pintura perteneció a la familia Giocondo, se dicen tantas cosas...que siempre Leonardo la retocaba y lo hizo hasta el final de sus días (para mí que la acariciaba); que se demoró cuatro años para darle el acabado que se esfuma en la atmosférica técnica de su “sfumato;” que ella estaba embarazada, que un programa de computación determinó que su gesto entrevé mayormente felicidad, pero también disgusto, y en menor cuantía, miedo e ira.

Georgio Vasari, aquí casualmente, me tuve que parar para ir a recogerlo: ¿A dónde estaba este libro? Ahora lo estoy acariciando a éste, el primer tratado histórico sobre la vida de los artistas; lo compré por esos gajes del destino en su versión en Inglés: “The Lives of the Artists,” A new translation by Julia Conaway Bondanella and Petter Bondanella (Catedráticos de la Universidad de Indiana), Oxford World’s Classics, Oxford University Press, publicado en 1998. Ahí Vasarí, lo tengo subrayado, a unos 47 años después que aconteció lo que que pasó con Leonardo y está pintura, nos cuenta que sí,  que el la dejó sin terminar y que estaba bajo la posesión de Francisco I, pero también nos dice, que... lo traduzco lo mejor que puedo: “Las cejas no podrían ser más naturales, porque ellas representan la forma que los bellos crecen en la piel – más gruesos en algunas partes y más delgados en otras – siguiendo los poros de la piel.”  Líneas más adelante, Vasari continúa: “Y en este retrato por Leonardo, hay una sonrisa tan agradable que parece más divina que humana, y fue considerada un cosa maravillosa que estaba tan viva como la de la misma sonrisa viviente original de aquella modelo.  (Página 294, Capítulo: La Vida de Leonardo Da Vinci, Pintor y Escultor Florentino, [1452-1519]) pero hay otras versiones, de todo esto, por personajes que habrían escrito acerca tanto de Leonardo como de la Gioconda y que eran mucho más contemporáneos que el mismo Vasari.  

La verdad lo que se sabe de La Mona Lisa sólo nos ha dejado más preguntas, a algunas quizás nunca las vamos a responder como es debido, pero es igual, al final todavía, la tenemos ahí, [ella] es mejor que cualquier foto, y no hay cosa que se le pueda comparar o parecer; se dibujó primero y después se pintó, todo a mano y casi todo á la prima, pintando al frente de una modelo con vida, como se debe de hacer ¡Carajo! Pero él,  Leornado quien fue el que la hizo no sólo fue un genio, si no el primer hombre universal.  Van Gogh aprendió tarde, y tal vez nunca llegaría a tener la maestría de Leonardo, Velázquez, o Caravaggio; pero 610 cuadros, no es poco y él sí los pintó, uno por uno, y nunca por venderlos, sólo porque los pintó con la fuerza que los pintó, desde allí es que ahora valen muchísimo, pero  ese dinero solamente marca un precio, lo que él plasmó e hizo nadie se lo pagó, y no tiene ningún precio, no hay hay nadie que se lo pueda pagar, y aún tal vez aunque no faltaría alquien que quisiera hacerlo Van Gogh no lo aceptaría. Tal vez porque nunca lo comprendieron casualmente los "conocedores," aquellos eruditos de la bellas artes, por eso se mató. ¡Qué pinturas! muchas de ellas incluyendo, “Los Cipreses”  y “Los Girasoles” o a aquella "Noche Estrellada," ¡Dios Mío! Sí que las terminó.

Paul Gauguin, algo parecido, aquel amigo de Van Gogh, está tan cerca de mí como lo está Carlos Baca-Flor. Flora Tristán, su abuela de Gauguin se fue a vivir a Arequipa, el adalid por la justicia y los derechos de la mujer, Baca-Flor nació en Islay, Arequipa, y Gauguin vivió algún tiempo en el Perú, con familiares que le dieron asilo a su madre y a él.  Gauguin dejó a su "vikinga" y a sus hijos, y se fue a pintar a Martinica, cómo acabó [él] lo que pintó.

Todos ellos sí acabaron pero yo, yo ahora no, me tengo que ir sin haberlo hecho otra vez, me cogió el tiempo irracional y yo como es habitual siempre desprevenido. El espacio-tiempo es curvo pero las asas no, tienen cuernos las mañanas y de la mano no brota sangre sino agua y café ¿Será ta vez la mala leche la que me espera sin azúcar, en tu respuesta, ¿quién miró la redonda vicisitud? Es insospechada pero presente y ya no puedo, es que no me entiendes, la vida es un cuadro y como un cuadro se acaba y tiene este final perceptual….algunas veces conceptual... mejor acabemos por mirarlo todo con un sentido estético y dual. [Yo] todavía miro lo que Miró no miró.



John Manuel Kennedy Traverso ◙NYC◙2010◙ bajo la licencia Creative Commons◙ Para compartir: Atribución Requerida◙ no modificaciones◙ no comercial◙revisado 9/20/2010 ◙JMK◙ Escrito en medio de un tornado que azotó NYC. Last revision on 8/17/2011.


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